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Casos
de éxito de la logística inversa
En
1991, algunos países europeos empezaron a exigir
a fabricantes y transportistas la responsabilidad en
el retorno y el reciclado de los materiales de embalaje.
En el 2001, la Unión Europea llevó esta
exigencia un paso más adelante, con el establecimiento
de un objetivo de recuperación o reciclaje de
entre un 50 y 65 % de los residuos de embalaje. Las
consecuencias para el resto del mundo pasan por que
cualquier país que desee hacer negocios en la
UE tendrá que cumplir con este requisito.
Este
retorno es especialmente importante ante el incesante
desarrollo de las industrias tecnológicas, ya
que algunos artículos, como los equipos informáticos,
suelen ir embalados en materiales difíciles de
reutilizar, separar o reciclar. Los embalajes con distintos
materiales complican el reciclaje y demás formas
de reaprovechamiento y, en algunos casos, como en el
poliestireno, los hacen imposibles. En consecuencia,
el proceso de desecho resulta costoso y termina suponiendo
una carga más para el sistema de tratamiento
de residuos.
En
este sentido, una investigación de la Universidad
de Oviedo reveló hace poco que en España
sólo los artículos de electrónica
para el hogar generaban al año más de
150.000 toneladas de residuos, lo que demuestra la importancia
de buscar formas adecuadas para la protección
de los productos.
En el 2006, la matriz estadounidense de Peli, pudo desarrollar
varias soluciones para algunos de los principales fabricantes
tecnológicos de la lista Fortune 500, afectados
por las devoluciones debidas a daños producidos
durante el transporte de sus mercancías, que
provocaban gastos de reparación y tiempos de
inactividad cada vez mayores. Peli diseñó
soluciones a medida que no sólo ofrecían
una mejor protección sino que también,
al ser reutilizables para un número casi infinito
de trayectos, les permitían eliminar los costes
asociados a la sustitución de caros materiales
de embalaje de un solo uso.
Los
beneficios de las soluciones permanentes de transporte
fueron inmediatos. El menor impacto ambiental, las reducciones
en los costes a corto plazo, el aumento de estas reducciones
a lo largo de la vida útil de las maletas y el
notable descenso en el número de artículos
dañados se tradujeron en una presentación
excelente de la mercancía ante el cliente final
y en una disminución de los gastos de reparación.
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